Este pequeño “blog” lo hice para poder contar mis historias. Si me lee una persona, y algo de lo que escribo llega, ya estoy contento. Esta vez, sin embargo, voy a dar una visión de la realidad. La calle. Y no el “Qki”. Pasan cosas que hay que cambiar, más bien es un cambio de mentalidad, buscar una visión de conjunto. Aceptar un estilo de vida “uruguayo”, adaptarse a la mediocridad, no es el camino.
Nuestra sociedad avanza cada vez más hacia la guerra, la confrontación. ¿Sabes cuál es el problema? Somos todos diferentes, pero demasiado diferentes. No es un tema de lucha de clases, es de diferencias y necesidades. Las reglas son difusas por excelencia y si existen, se rompen, tal es la naturaleza de una regla. Dos cosas pueden suceder: que se cumpla o no. Otras reglas no escritas existen sólidas, en el aire, en la calle. Burlan a la gente, se imponen. Estas son las reglas que crean los necesitados, los que terminan imponiéndose “de vivos” sobre la población. ¿Por qué si tenés auto te presionan para limpiarte el vidrio o hacerte estacionar y cuidarte? Y si no les das guita, van y ¡tacate!, te rayan bien el costado del auto o alguna maldad peor. Eso pasa porque la gente no tiene ganas o poder de cambio.
Y si le das diez pesos por “cuidada”, o por “estacionada”, y vos ganás $8000 por mes. Te movés dos veces por día, le das a esta gente como $500 por mes. El problema es que no son empleados amables. Cuando no largas la moneda se ponen ordinarios, violentos. Es una mafia. Pero miramos al costado y siguen creciendo.
Cuando camino por la calle miro siempre hacia atrás o a la vereda de enfrente, sólo para ver si viene alguien a robarme. Son cosas que todos sabemos. Hay que estar despierto, te distraes y la quedas. Además no te la podes jugar por nadie, antes capaz que algún loquito te corría al chorro que le acabó de robar la cartera a la viejita. ¿Pero ahora qué? Hacer la del héroe te sale más caro que esa jubilación robada, más caro que el honor…Vas a pelear como un hombre y te eliminan del juego a tiros. Y lo peor, después ni siquiera van presos.
En las noticias es normal escuchar “Yo ando armado. Si me vienen a matar, yo los mato antes". Es real y lamentable.
Cuando llega la ley de la selva, y te sentís amenazado y en peligro, todas las frases hechas desaparecen. Es matar o morir.
No tengo ni idea qué es lo que pasó. Yo ya estaba acá, nací, viví y no llegué nunca a entender el origen de las cosas. Sé, como tantos otros orientales, que el país se vino abajo. Podrán investigar, dar datos, proponer salidas alternativas, utópicas. Pero no cambia nada en el terreno real. Cada cuál cuida lo que tiene como puede. Y los que no tienen se la agarran con los que tienen. El “resentido” es un personaje tradicional, es una institución, una idiosincrasia muy poco sana. Parece que si te va bien en la vida también sos culpable de que a otros les vaya mal.
La verdad que es un problema sin solución. Algunos dicen: “es la educación”, otros “es que no quieren trabajar”, “tienen demasiados hijos y los mandan a pedir” o “no tuvieron oportunidades”. Hay un poco de cada cosa. Pero ¿cómo solucionar un tema tan delicado si no hay unidad entre las personas?
La realidad muestra que si bien todos somos humanos, la falta de educación y de cultura y de trabajo, provoca que muchos se parezcan más a los simios, a bestias primitivas que luchan por sobrevivir. Y los responsables de acortar esa brecha parecen ser, desde todo punto de vista, unos inútiles.
Pero algo se puede hacer. Hay cosas que sí se pueden cambiar. Voy a poner tan solo
un ejemplo.
Hay una masa inerte de empleados públicos, herencia obsoleta del batllismo. Todos sabemos que hay mucha gente ahí metida que no hace nada. Y cobran. Y la gente que trabaja de verdad les banca la vida. Incluso estos empleados están ofuscados y te atienden de mala gana, como si hacer tu trámite es un misterio y un drama, como si su trabajo fuera el peor del mundo. ¿Hasta cuando? ¿No existirá nunca la fuerza política para trasladar esos recursos desperdiciados y poner a funcionar el país?
Con las montañas de plata que se roban estos empleados se puede mejorar la educación, dar trabajo, apoyar la cultura, tener la ciudad limpia, entre miles de cosas que se necesitan. Hay que frenar la caída, porque somos una sociedad muy desagradable, que se cava su propia fosa.
Por ahora la salida es meternos cada uno en nuestras casas. Es como si existiera toque de queda. ¿Qué si hay miedo? Pero claro. Hay enormes partes de la ciudad que son como Ciudad de Dios, viste, la película brasilera. Todos la miran y se asombran: “mirá lo que pasa en Brasil”. Acá es lo mismo. De a poco la gente se refugia. La gente honesta, los que hacen lo que hay que hacer, son los verdaderos perjudicados.
Las reglas que son fuertes de verdad, las de la calle, nadie las controla. Todos ven soluciones, pero parece que es mejor regocijarse en la queja, explicar con lujo de detalles por qué no se puede mejorar un país de tres millones de habitantes, con todos los recursos necesarios para ser feliz.